[OPINIÓN] Vivir en un ambiente limpio, un derecho que se está perdiendo


 

Por Andrés Gillmore A. @veranadas
Poblador de la Cuenca del Baker

Existen muchos puntos de vista en materia de desarrollo y existe la tendencia del inmediatismo económico en los diferentes gobiernos, con la visión de crecer a como dé lugar, sin importar la relación con el medioambiente y con lo social, disociándose de la relación natural que debe existir entre justicia social y ambiental, donde lo que importa son las ganancias y los puestos de trabajo que se generen y todo el resto son meros detalles de poca importancia, que es una visión del pasado en el mundo del futuro.

 

La raza humana tiene la tendencia a abusar de la naturaleza y ha terminado destruyéndola, produciendo la extinción de una gran cantidad de especies animales y vegetales, creando mucha deforestación, la contaminación del agua y en el último tiempo de la atmósfera, complicando la vida de innumerables comunidades y condenando al planeta a su destrucción”

Para esta visión económica, el Aysén ideal sería implementando a más no poder y como ha venido ocurriendo en los últimos años, la industria salmonera seguir interviniendo los territorios con la inversión minera y fomentar en lo posible la llegada de las empresas forestales a plantar pinos y eucaliptos. Porque según esta lógica empresarial-gubernamental, de esa manera la región logrará ser parte del “mundo civilizado”; porque a fin de cuentas lo que realmente importa es “crecer a como dé lugar”. Discurso que en pleno siglo 21 es un suicidio.

Cuando analizamos esa forma de ver el proceso de desarrollo económico de Aysén, notamos inmediatamente que para este mundo empresarial los recursos naturales son infinitos y, en verdad, son finitos, y aplican una forma de analizar la economía que corresponde a la década de los ‘60 y ’70, del siglo pasado, donde se creía que la única manera de hacer empresa era invirtiendo lo menos posible, para recaudar lo máximo posible y que las comunidades rurales están al servicio de los intereses empresariales y los proyectos de vida de las personas que habitan los territorios, están más que nada para sustentar objetivos empresariales, porque en teoría la forma empresarial de las grandes transnacionales significan mejorar la calidad de vida; y es ahí donde surge el gran problema y la profunda contradicción entre empresas y comunidades.

El discurso empresarial se sustenta básicamente en que entrega trabajo, mejores remuneraciones y por ende una mejor calidad de vida. Pero la realidad es totalmente contraria. Estamos llenos de ejemplos que lo comprueban a nivel regional. El mundo salmonero tiene contaminado casi todo el litoral y sus trabajadores ganan sueldos bajos y muchas veces en pésimas condiciones laborales. Lo mismo puede aplicarse al mundo minero regional y todo bajo la jurisdicción de una serie de instituciones públicas como el Servicio Nacional de Pesca y Sernageomin, entre otras, que no cumplen con su función básica de fiscalizar y hacer que se respeten las normas ambientales y laborales y se rigen bajo las intimaciones de las empresas. Sumado a que tenemos un Congreso que diseña leyes para beneficiar a las grandes empresas transnacionales internacionales, dejando de lado los intereses de las comunidades y, lastimosamente, estos mismos parlamentarios, venden los intereses del país y de las regiones a las transnacionales para sacar beneficios personales, sin importarles la sustentabilidad y la proyección de futuro de los territorios intervenidos, que al final terminan contaminados y destruidos, pasando a llevar los intereses más básicos de las comunidades que pujan incansablemente por desarrollar emprendimientos sustentables y terminan intervenidos por los intereses de las grandes empresas, y eso en sí mismo es preocupante y va en contrasentido de lo que la misma constitución garantiza y de lo que se necesita en una región como Aysén.

La desafectación del 2% del Parque Patagonia en el sector de los Domos, en la comuna de Chile Chico, por parte del Ministerio de Bienes Nacionales para entregarlo a la explotación minera, marca un precedente y un estándar negativo en lo que a sustentabilidad se refiere en la región y muy específicamente en la cuenca del lago General Carrera, porque sustenta una vez más el irrespeto constante con que estas empresas extranjeras se relacionan con el medioambiente territorial y cómo nuestras autoridades se guían por parámetros que no corresponde y que no son los regionales.

La palabra “naturaleza” tiene diferentes significados y podemos entenderla como el conjunto, el orden y la disposición de la realidad material existente, entendida como un sistema dotado de leyes propias al margen de cualquier intervención humana. En este sentido, la naturaleza está formada por el conjunto de todos los seres no artificiales que existen en el universo, ordenado y regulado por las leyes de la física, química y la biología. El término naturaleza se utiliza para designar la esencia y el modo de ser que determina a un ser y el conjunto particular de propiedades que le definen, donde cada individuo posee una naturaleza propia que corresponde con su esencia y su modo de ser específico y, por lo tanto, debemos tener la capacidad de entender y relacionarlos sustentablemente con él.

El hombre es un ser vivo y parte integral de la naturaleza e irremediablemente aunque muchas veces olvidamos esa parte fundamental, es un ser cuya naturaleza consiste en ejercer la racionalidad al poseer la inteligencia y la voluntad libre del instinto animal. Desde esta concepción, la naturaleza humana es el fundamento universal, que coloca a la raza humana en una situación privilegiada ante el medioambiente en donde está inserto y a diferencia del resto de los seres naturales, su comportamiento no está determinado solamente por sus instintos y las necesidades naturales de los animales, gracias a que su voluntad es libre en forma y fondo y, por lo tanto, puede obrar en oposición o a favor de sus mismos congéneres. No obstante, en la raza humana no existe oposición entre naturaleza y libertad, entendiéndose que la libertad pertenece a la naturaleza que lo guía y eso en sí mismo es la base de sustentación del desarrollo humano y lo que debe darle forma a las estrategias de desarrollo en un complemento integrado, que en la actualidad la codicia y las malas decisiones han vulnerado.

Desde sus orígenes la raza humana ha intentado reconocer a la naturaleza en todas sus formas, al saber que con el pasar de los siglos ha entendido la extrema dependencia que tenemos de ese conocimiento para la proyección de la sociedad. El conocimiento del marco natural, implica relacionarse directamente con el medioambiente y entender la transformación que eso significa en la manera que debemos considerar la relación con la naturaleza, que ha impulsado el grandioso conocimiento científico y las técnicas profesionales que guían en la actualidad el devenir de la raza humana. Gracias a esa inteligencia, las sociedades han sabido adaptarse a la realidad de sus necesidades y ha sido capaz de utilizar la naturaleza, perfeccionarla y acomodarla a sus objetivos y no se ha conformado en recolectar los frutos que la naturaleza ofrece, sino que aprendió a sembrar y cosechar. Primero manualmente y luego ayudado por animales. Finalmente creo máquinas con esa finalidad. Nuestros sistemas de embalse y la canalización que se ha venido desarrollando desde el tiempo de los faraones, han permitido, desde ese entonces, que las comunidades tengan agua corriente en lugares en los que las lluvias eran prácticamente inexistentes, aprendiendo a utilizar la naturaleza para satisfacer sus necesidades; pero como todos sabemos, la raza humana tiene la tendencia a abusar de la naturaleza y ha terminado destruyéndola, produciendo la extinción de una gran cantidad de especies animales y vegetales, creando mucha deforestación, la contaminación del agua y en el último tiempo de la atmósfera, complicando la vida de innumerables comunidades y condenando al planeta a su destrucción, si no se redirecciona la forma y el fondo en que hacemos desarrollo.

El gran problema que vive en la actualidad la raza humana, es que se cree dueña de la naturaleza y cree que puede utilizarla de modo arbitrario hasta agotar sus recursos indiscriminadamente. Sin entender que nunca poseerá los derechos absolutos sobre la naturaleza y la única posibilidad que tiene de salir airoso ante ella, es administrar sus recursos en un marco de respeto hacia la realidad natural y proyectarla hacia las generaciones futuras con armonía y balance. Fundamento olvidado completamente en Aysén. Destruir y contaminar la naturaleza, es no respetar la riqueza, el dinamismo y las leyes que rigen el universo, que equivale a no respetarse a sí mismo. Cuando no respetamos la naturaleza, nos estamos negando a nosotros mismos, de acuerdo con lo que somos y la dignidad que nos diferencia de los animales y esto en sí mismo debería ser la base de sustentación de toda política de desarrollo y sobre todo en una región como Aysén, propietaria de una denominación de origen y un sello verde inigualable, que surge por sobre todas las cosas en el respeto hacia el medioambiente.

La ecología no parte de consideraciones éticas, como mucha gente tiende a creer, y es la “ciencia que estudia las relaciones de todos los organismos vivos entre sí y el medio físico en lo que se refiere a producción o intercambio de materia orgánica”. Sin embargo, su valoración es más que nada de un carácter normativo en la conducta humana, se refiere en forma progresiva para tomar conciencia de los peligros que entraña la explotación excesiva de los recursos naturales, cuando no es equilibrada y fuera de norma como ha estado ocurriendo en Aysén, que ha llevado a tener que incorporar resultados y métodos utilizados en la ecología a la economía, la sociología y la política propiamente tal si queremos sobrevivir. Las comunidades rurales ante esta realidad obsecuente y peligros deben tener la capacidad de tomar conciencia de la necesidad vital de preservar el medio natural para tener proyección de futuro. De ahí la importancia de los movimientos ecologistas-sociales, porque a fin de cuentas los problemas que generamos en la naturaleza, son más que nada problemas morales y éticos en la forma y en el fondo del devenir de la sociedad, entendiéndose que el bienestar del hombre y la subsistencia de la humanidad dependen de la capacidad de solución y de cómo interactuamos con la naturaleza.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.