[OPINIÓN] Mi Coyhaique de los ‘90


 

 

Por Roberto León G.
Profesor de Inglés / Traductor

 

Imposible olvidar ese Coyhaique con el que crecí, aquella ciudad que cualquier niño podía salir a andar en bicicleta o jugar a la pelota tanto en la mañana como en la tarde a distintas horas sin que nada malo le pasara, y si uno se perdía y preguntaba dónde o cómo llegar a tal parte recibiendo una generosa ayuda de un adulto. Un Coyhaique que ya no vuelve… Sin más preámbulo, vamos a hacer un viaje al pasado al Coyhaique de la década de los ‘90.

Escribo desde Santiago, pero para los que crecimos allá, de seguro sentiremos un poco de nostalgia al recordar sitios que marcaron nuestra niñez, una que era más inocente. No olvidaré mi primer paraíso al que cada niño o adolescente iba a distraerse o desestresarse, tras un día largo en la escuela: Los “flippers” de la Calle Condell, ubicados al fondo de una galería. O quizás están en nuestra memoria los lugares donde se arrendaban películas o videojuegos como “El Baquedano”, ubicado en la calle de mismo nombre, o el ya desaparecido “Vaffy”, convirtiéndose en el panorama de toda una generación para hacer “torneos” jugando Super Nintendo tardes enteras. Pero claro, ¿cómo no recordar los minimarkets con el característico aromas a canela, leche en polvo, llenos de dulces en las vitrinas como los Sapitos, los Krapulitos o los Kapos, de esos que estaban a $100? Ejemplo el de la señora Nelly y su marido “El Vicho” Solís que estaba al lado del Colegio Mater Dei, sin faltar “La Osornina” que se niega a desaparecer, donde su dueño, el tío Carlos, recibe con una sonrisa alegre a muchos coyhaiquinos que ya crecimos. ¿Quién podrá olvidar los supermercados Brautigam o Alonso, donde iba siempre con su familia y para no aburrirse se entretenía leyendo libros que vendían para colorear?

 

“… éramos cursos mixtos, no solo en sentido de género, lo era principalmente en cuestión socioeconómicas -por ejemplo- estudiaban en la misma sala el hijo del doctor y la hija del panadero. Siento que eso nos enseñó a respetarnos independiente de clase social o creencia…”

 

Una etapa que nadie olvida es la escolar, yo que estudié en la Escuela Canadá, mejor conocida como la D-21 o la Pedro Quintana hoy en día, como muchos niños de ese entonces, éramos cursos mixtos, no solo en sentido de género, lo era principalmente en cuestión socioeconómicas -por ejemplo- estudiaban en la misma sala el hijo del doctor y la hija del panadero. Siento que eso nos enseñó a respetarnos independiente de clase social o creencia, todos somos iguales.

Una profesora que jamás olvidaré es a la tía Eliana Sandoval. Siempre llegaba alegre y nos decía una frase: ¡Querer es Poder! que se convirtió casi en un grito de guerra a diario para todos. En esa época estaban los profesores normalistas, enseñaban todos los ramos y usaban métodos para que los niños no se cansen, como cantar o adivinanzas, convirtiendo sus clases no solo en zona de aprender, sino de diversión. Y hablando de diversión, todos estábamos expectantes a la llegada de un circo o de shows infantiles como los de Cachureos con Marcelo o el de Pin Pon, sí, el mismo Jorge Guerra en persona actuando en el Gimnasio Regional  de Coyhaique.

Cuando llegaba el verano y no existía aún el Parque Austral, lo que se hacía para “capear” el calor era comprar pistolas de agua en la Paquetería Huinca o en la Librería Millaray, ambas tiendas ubicadas en la calle Prat y se hacía la típica juntasde niños del vecindario a jugar, no dentro de la casa, sino afuera, al pillarse, la escondida o se inventaban juegos usando nuestra imaginación. Y claro, el otro sitio favorito eran los juegos de la Plaza Angol o los que estaban ubicados en el Ovejero, los columpios, resbalines de metal o los balancines hechos de madera. Un tiempo bastante sano donde no se usaba celular con Internet, sino un Gameboy como máximo.

Ya finalizando aquel viaje, admito que esos tiempos sí que fueron sanos y entretenidos en una ciudad donde nos conocíamos casi todos con una calidad de aire casi cristalino, y los recuerdos de un Coyhaique donde el tiempo pasado fue mejor.

 

5 comentarios sobre “[OPINIÓN] Mi Coyhaique de los ‘90

  • el 27 agosto, 2018 a las 0:01
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    Lindos recuerdos, Roberto cuando vengas a la escuela pásanos a ver, te echamos demenos , un abrazo

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  • el 26 agosto, 2018 a las 23:03
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    El negocio del Vicho Solis y la Sra. Nelly se llamaba Neptuno.

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  • el 26 agosto, 2018 a las 22:46
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    Soy de Osorno y llegué el 2001. Pero tu descripción me hizo transportarme a esos años.
    Te felicito por mencionar a tu profesora Eliana S. Grande Roberto

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  • el 26 agosto, 2018 a las 18:57
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    Gracias por recordar un paso de la gran memoria, estimado Roberto-

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    • el 26 agosto, 2018 a las 23:13
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      Muchas gracias estimada Belén. Muchas saludos a tu familia y a ti tambien.

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