[OPINIÓN] Economía Ecológica como Sustento de Desarrollo Regional


 

 

Por Andrés Gillmore A. @veranadas
Poblador de la Cuenca del Baker

 

Hace rato que el modelo económico chileno no está siendo todo lo satisfactorio que todos creíamos que podía ser. No hay duda que de muchas maneras está enfermo y se podría decir que esta con cáncer. Si bien no es terminal, está a punto de serlo si no se tiene la capacidad de rectificarlo de acuerdo a las circunstancias, el contexto y con las ventajas comparativas que caracterizan a un país como Chile.

Hemos perdido la esperanza de ser un país desarrollado en el año 2020 cómo se había planteado en el 2000. Todo indica que habrá que esperar 30 años, por lo menos, para ver si concretamos, pero no debemos desechar la posibilidad que a pesar de todo y de todos, nunca seremos un país desarrollado y por muchas razones. Una de ellas puede ser que los valores de medición van transmutando ante la realidad de la globalización y lo que en la actualidad consideramos desarrollo, no lo será en un par de décadas.

 

“Cuando gobierna la izquierda, se amurran los empresarios y retiran los capitales y buscan otras alternativas. Cuando gobierna la derecha, se amurran los empleados públicos y se hace la contrarreforma de la reforma y se habla de crecimiento…”

 

Un gran tema en lo que a fundamento económico se refiere, es que tenemos una clase política-empresarial que domina los intereses de todos y con la tendencia a manipular los conceptos a su conveniencia. Para ello diseñaron el actual modelo económico, haciéndonos olvidar algo básico en términos económicos, que crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Crecimiento es cuando a las empresas les va bien y obtienen ganancias; Desarrollo es cuando ese crecimiento es traspasado a la sociedad, que es algo diferente y que no ha ocurrido en Chile y dista mucho de serlo. Si lo pensamos bien, si no hubiese sido por el despertar ciudadano del 2011; precisamente, por la batalla que dimos en Aysén ante HidroAysén, que a la postre desencadenó el fin del aletargamiento social que nos caracterizaba; no habríamos entendido como ciudadanos que nuestros gobiernos no hacían lo mejor para todos y que a decir verdad lo que hacía era pujar para el beneficio de algunos pocos. De no ser por esta batalla de índole ambiental, seguiríamos sin saber la diferencia entre crecimiento y desarrollo, y los cambios estructurales que necesitamos para desarrollarnos sustentablemente y no morir en el intento.

En Chile el PIB -Producto Interno Bruto– marca US$23 mil per cápita. Con ese índice podríamos decir perfectamente que estamos bien, pero sabemos que no es así. Pocos ganan al año $15 millones, es decir, los US$23 mil multiplicados por $650 (valor promedio de 1 dólar en los últimos meses), que equivaldría a un sueldo mensual de $1 millón 245 mil. El antipoeta Nicanor Parra explicó muy bien este concepto con su frase: “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”, que define los números de nuestra sociedad.

La economía no es otra cosa que el instrumento con que se mejora el nivel de vida de la población en general. Sus indicadores son la empleabilidad, la mejora de la calidad de vida, la salud pública, la educación y la baja real de los porcentajes de pobreza de acuerdo con los parámetros reales del momento y en la actualidad el mejoramiento de la matriz energética para desarrollar la sustentabilidad. Para que ese desarrollo sea real y consecuente, debe ser parte de un proceso integral socio-económico-cultura-ambiental como lo identifican los países desarrollados. El desarrollo debe estar constantemente expandiéndose y analizando su potencial, para estar en relación directa hacia el auto sustento, sobre todo en el mundo globalizado en el que estamos insertos y del que somos parte, mejorando los procesos de producción por medio del desarrollo tecnológico, transformando la base de sustentación en un fundamento dinámico, traspasando los frutos de ese crecimiento a la sociedad y de esa manera transformarse en desarrollo para elevar sostenidamente el ingreso per cápita de cada habitante, mejorando las condiciones de vida, las formas del trabajo en las diferentes actividades económicas en su forma organizativa ante su proyección de futuro.

El crecimiento económico determina el ritmo de evolución de las ganancias de las empresas y el desarrollo está relacionado en cómo esos ingresos son administrados entre empresarios, trabajadores, el estado y la sociedad como un todo. El capital humano natural de los ecosistemas y la organización social, sólo pueden considerarse sustentables cuando tienen la capacidad de moldear el bienestar como factor fundamental de los objetivos en la función productiva, determinando el cómo, el cuándo y la forma de producir ese crecimiento económico.

En la actualidad dependiendo de quién esté en La Moneda, marca una clara tendencia en la forma y en el fondo con que se impone un modelo económico. Cuando gobierna la izquierda, se amurran los empresarios y retiran los capitales y buscan otras alternativas. Cuando gobierna la derecha, se amurran los empleados públicos y se hace la contrarreforma de la reforma y se habla de crecimiento. En medio de todo este conglomerado de los intereses creados de los empresarios y los empleados públicos se encuentran los ciudadanos, que no tienen garantía alguna de lo que pasará en el futuro, a merced de las instancias de los gobiernos de turno y de los intereses empresariales.

El modelo tiene una falla estructural que por mucho que se tomen las precauciones del caso es la metástasis del problema económico chileno, que no es otra que los bajos sueldos en el todo general, produciendo el círculo vicioso negativo que nos tiene tan complicados y que de no resolverse, por mucho que se tomen medidas de todo tipo, nunca se logrará la sustentabilidad requerida para alcanzar el tan ansiado desarrollo, y lo que propone el modelo económico actual que todo lo resolverá el crecimiento. A decir verdad, es insuficiente y no está de acuerdo con las necesidades y la independencia que necesita la ciudadanía de hoy.

Desde el punto de vista ciudadano, está más que claro que por los bajos sueldos es imposible que un país se desarrolle y además con un Estado tan pequeño como el chileno, no basta y no es satisfactorio que el modelo compense con el acceso al crédito para que puedas nivelarte y vivir decentemente, que es precisamente un contrasentido ante lo que define a un país desarrollado. Esta realidad produce el sobre endeudamiento en los estratos medios y bajos, que a su vez son castigados por el sistema financiero, otorgándoles créditos de consumo con altos intereses, al ser considerados como capital de riesgo y con ello todo es efímero y carece de sustancia.

Para lograr la ansiada sustentabilidad económica y tener una sociedad más justa en todo sentido, es básico transparentar la forma en que operan las grandes empresas transnacionales, haciendo que los procesos de evaluación sean serios, profesionales y justos. Es vital transparentar cuánto invierten, cuánto gastan en términos operativos, que estrategias y tecnologías utilizan para no contaminar, saber las ganancias reales que producen los formatos de producción, cómo pagan a sus trabajadores, las condiciones en que los hacen trabajar. En la actualidad dadas las circunstancias de los nuevos tiempos, el desgaste natural de los recursos naturales, la crisis del mundo productivo en todas sus circunstancias, teniendo en cuenta el cambio climático, hacen urgente mejorar los sueldos y que éstos vayan en proporción directa y adecuada a las ganancias que produce la empresa, sea cual sea su rubro. Es la única manera de crear sustentabilidad económica en una sociedad subdesarrollada como la nuestra.

Ante todo lo dicho en los párrafos anteriores, pensando en el desarrollo sustentable de Aysén y los desafíos económicos, sociales, culturales y ambientales que se están enfrentando en la actualidad; no podemos olvidarnos de la Economía Ecológica, que es la rama sustentable de la economía moderna, que está muy por encima de la “economía convencional” que en la actualidad utilizamos en Chile. Que es mecanicista, estática, atomista y que considera que los gustos y las preferencias individuales son el centro del comportamiento social que debe ejercer la fuerza dominante del desarrollo económico; cuando en verdad lo que debe proyectarse en las actuales circunstancias y en el contexto que predomina, es desarrollar una economía orientada en términos colectivos.

La Ecología Económica se sustenta en la selección natural, entendiendo que los recursos naturales son limitados y considera a los seres humanos como una especie que debe respetar a las otras especies y asumir esa responsabilidad por su propia sobrevivencia, que a diferencia de la economía convencional, es dinámica, sistémica y evolutiva en todo sentido, haciendo que las preferencias humanas se sustenten en la comprensión del entorno natural y en la organización social, objetivando la forma en que tomamos las oportunidades, tomando en cuenta las naturales limitaciones de los procesos de desarrollo, asumiendo que el hombre es responsable colectivamente ante sí mismo y que su papel es desarrollar el manejo sustentable del modelo y ser responsable en la utilización de los diversos ecosistemas donde se sitúa.

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