[OPINIÓN] Experiencias comparativas ante la visión de desarrollo de Aysén


 

Por Andrés Gillmore A. @veranadas
Poblador de la Cuenca del Baker

El concepto de desarrollo sustentable va mucho más allá de la vaguedad de lo que representa en términos teóricos y de las diversas definiciones que tenemos a nuestra disposición en materia de desarrollo regional y que, en Chile, se estipulan en forma teórica, pero que no se respetan en forma práctica y siempre están orientadas hacia el crecimiento -que no es lo mismo que desarrollo-, demostrándonos la falta de una preocupación real sobre el estado del medioambiente y lo que representa como proyección de futuro en las comunidades rurales y, muy especialmente, en términos ayseninos.

En los últimos 20 años se han estado imponiendo una serie de metodologías para medir la sustentabilidad de un territorio, que con el pasar del tiempo se han convertido en un concepto manoseado en todos los niveles y que, lamentablemente, en Aysén no se han definido como corresponde y de ahí la gran disyuntiva actual del cómo “hacer para ser”.

No obstante, a nivel ciudadano se ha estado avanzando mucho en todo lo concerniente a la toma de conciencia, que sin un medioambiente sano es imposible proyectar un futuro sustentable y que las mediciones sobre sustentabilidad han menospreciado todo lo que tenga que ver con las contradicciones sociales que genera el crecimiento económico a como dé lugar. Esto ha hecho que la problemática ambiental haya estado relegada a una cuestión de simples procesos técnicos, sin considerar el desarrollo de las comunidades y su relacionamiento con el entorno y con el modelo en cuestión. Lo que están sufriendo las comunidades de Quintero y Puchuncaví, es la demostración tácita que el menosprecio no puede continuar.

 

Aysén como región tiene fundamentadas ventajas comparativas para ser declarado como el gran territorio ZOIT de Chile desde Melinka a Villa O’Higgins. Si Aysén fuese declarado la gran ZOIT de Chile, estaríamos garantizando el desarrollo sustentable de la región como un todo, determinando que los procesos productivos y de servicios que se prestan garanticen la defensa del medioambiente…”

 

Las mediciones sobre sustentabilidad han privilegiado el relacionamiento genérico de la sociedad como una unidad económica, dejando ocultas todas las contradicciones sociales que conlleva la problemática ambiental y sin entender su relación con la problemática social, que muchas veces son las verdaderas causas de los problemas ambientales que se suscitan en una región y sobre todo en una con las características tan especiales de Aysén.

Un proyecto de desarrollo regional, debe por obligación tener la capacidad de generar una propuesta política ante las diferentes intenciones de los modelos productivos y de servicios que se prestan y de acuerdo con las realidades propias y no externas como suele suceder, para construir aprendizajes que tengan como base de sustentación la experiencia en la práctica del quehacer natural de las comunidades, para que el actuar colectivo sea coherente con esa realidad y eficaz en la transformación de la realidad social-ambiental y de acuerdo con los valores culturales comprometidos por las organizaciones en los territorios y estén en relación directa con los objetivos de las comunidades.

Cada día se hace más relevante hacer posible que los territorios tengan la capacidad de definir, positivamente, sus relaciones con el medioambiente y se tome en cuenta la creciente necesidad de relacionarse con conceptos sustentables en los formatos de productividad, entendiendo los excedentes propios que deben abordarse ante la nueva realidad regional y su proyección de desarrollo. Así se podrán ir redefiniendo los aspectos sociales y las relaciones que deben considerarse para lograr la tan ansiada sustentabilidad, sin pasar a llevar las características propias de los territorios y la denominación de origen de una región como Aysén, que es lo que sustenta el gran todo y proyecta el sello verde.

Aysén, por sobre todas las cosas, se debe a sí misma y nunca a los intereses foráneos. Eso implica muchas veces ir en contra de los intereses que representa la misma moneda. Por eso es relevante tener la capacidad de definir la sustentabilidad regional en su forma y fondo, como el legado que debemos preservar y que por lo demás fue el que dejaron los colonos y que por cierto debemos mantener y respetar.

Las declaratorias ZOIT (Zonas de Interés Turístico) demuestran fehacientemente que la relación de la región con la actividad turística es vital y energizante para la sustentabilidad de las comunidades. Haberles otorgado el reconocimiento a los territorios Queulat; Chelenko; y Provincia de los Glaciares, por medio de certeras declaratorias ZOIT, que se han transformado en inherentes a la esencia del desarrollo de Aysén, aporta claridad a la denominación de origen y al formato de desarrollo, ante una actividad turística que llegó para quedarse y que por lo tanto debe cuidarse para hacerla sustentable en el tiempo, sin perder la esencia cultural, social, escénica y ambiental, que es lo que fundamentan las declaratorias ZOIT que se han aprobado en la región.

Las ZOIT tiene la capacidad de crear una dinámica que transmite balance que, al ser sustentadas con estudios serios y profesionales, aseguran que estos territorios estén destinados el uso exclusivo de la actividad turística y por ende defendidos de cualquier intromisión que destruya esa proyección, venga de donde venga.

Aysén como región tiene fundamentadas ventajas comparativas para ser declarado como el gran territorio ZOIT de Chile desde Melinka a Villa O’Higgins. Si Aysén fuese declarado la gran ZOIT de Chile, estaríamos garantizando el desarrollo sustentable de la región como un todo, determinando que los procesos productivos y de servicios que se prestan garanticen la defensa del medioambiente, el cuidado de la flora y fauna, la defensa de la calidad escénica en la que están insertas las comunidades y la proyección de la calidad de vida de las futuras generaciones, otorgándole a la región una proyección a prueba de malas decisiones y de los oscuros intereses de las transnacionales extranjeras que siempre están al acecho, creando un inestimable valor agregado a todo lo que se crea en Aysén y a todos los servicios que se prestan en la región.

Tuve la suerte de haber sido parte de un interesante grupo de personas que, a mediados de la década de los años ’90, logró sacar adelante la primera ZOIT de Chile en la cuenca del lago General Carrera, por medio de la Corporación Costa Carrera y ya en ese entonces se tenía claro que Aysén -más temprano que tarde- y muy especialmente la cuenca del lago General Carrera, se vería avasallada por los intereses de las transnacionales, que vendrían en busca de sus riquezas naturales: su agua, minerales, ríos y bosques, campos de hielos, glaciares y ventisqueros y si éramos responsables ante el discurso, nos debíamos a su defensa por sobre todas las cosas, porque en él está fundamentado el futuro de la región. Aunque en ese entonces no teníamos las certezas que tenemos en la actualidad en temas ambientales.

Las experiencias comparativas, tomando como base una serie informes internacionales de lo que había sucedido en otros países y la realidad a nivel nacional en regiones vecinas, nos decía que no había que ser muy inteligente para entender que las transnacionales en Chile carecen de los debidos procesos de fiscalización y de evaluación y que al no tener comunidades organizadas atentas a sus derechos y deberes, y dispuestas a entrar en batalla por el legado social y ambiental en el que están inmersas, los intereses foráneos terminarían destruyendo la proyección de desarrollo de las comunidades y por ende de la región.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.