[OPINIÓN] “El ecosistema delictual no es el más favorable para los comerciantes”


 

 

Por Daissy Mondelo D. @Daissymondelod 
Empresaria del Comercio

 

El “robo hormiga” en los supermercados y diversas tiendas generan pérdidas millonarias a las empresas y comerciantes en general. El caso de la Región de Aysén no escapa a esta realidad. Son muchos los comerciantes, pequeños, medianos y grandes, que sufren con este flagelo.

La Fiscalía local investiga con poca celeridad, infinidades de causas por robos en tiendas, casos que revisten menor importancia por la menor gravedad del delito. Sin embargo, el “robo hormiga” es un problema muy grave para los comerciantes, dado que generan pérdidas importantes al final del día, del mes y del año. En los supermercados el “robo hormiga” se da respecto al café, leche, galletas, cigarros, refrescos, bebidas alcohólicas, entre otras. Pero además, no siempre los comerciantes realizan las denuncias respectivas, por cuanto existe la sensación que ello implica una pérdida de tiempo y dinero, más aún cuando el robo no supera el valor de 1 UF ($27.220). Siendo así, enfrentarse a un desinteresado, burocrático y lento proceso investigativo, muchas veces, resulta más costoso para el comerciante. El ambiente, o el clima, o el ecosistema delincuencial, o como se quiera llamar,  no es el más favorable para los comerciantes.

 

“Que le roben por un descuido, o porque se le quedó una ventana abierta, no puede ser una atenuante para el delincuente y un agravante para la víctima”

 

Para poner freno a esto, se requiere mayor acción de todos los involucrados. Por supuesto que en primer lugar están los propios comerciantes; que adopten las medidas de seguridad y disuasivas para evitar ser víctimas de robos y asaltos. No obstante, una actitud pasiva del comerciante, no lo convierte en responsable de haber sido robado, resultando doblemente victimizado por haber pensado ingenuamente que se encuentra inserto en una comunidad de bien. Que le roben por un descuido, o porque se le quedó una ventana abierta, no puede ser una atenuante para el delincuente y un agravante para la víctima. Con horror se pueden ver fallos dónde el responsable termina siendo la propia víctima, pues los Tribunales de Justicia han generado jurisprudencia respecto a esta interpretación, a mi juicio, errada o perjudicial para los afectados.

El Gobierno y el poder legislativo también deben preocuparse por esto, no sólo con medidas disuasivas y programas de prevención, sino que también endureciendo las penas. Eso terminaría siendo un buen disuasivo para los delincuentes, que actualmente se dedican a robar frente a una justicia benevolente que los deja una y otra vez en libertad.

También se requiere mayor acción de otros involucrados, como las policías y la Fiscalía. La policía en su rol de  vigilancia y rápido actuar frente a los delitos, termina siendo fundamental en el control de la delincuencia. La investigación y la persecución del delito ante Tribunales, tarea que le compete a la Fiscalía, debe ser implacable. En este sentido, se entiende que los fiscales investigan causas de mayor gravedad que, además, los miden por indicadores de gestión y en reiteradas oportunidades terminan cerrando causas por economía procesal y, en otras tantas, los defensores penales ofrecen acuerdos reparatorios que, al ser eventualmente aceptados, los delincuentes resultan sin condenas. Esto no puede seguir siendo así, se debe aplicar  mano dura contra la delincuencia, sin importar el monto de lo robado o la razón del hecho.

En este ambiente o ecosistema delictual poco favorable, igualmente los comerciantes deben ser implacables con la delincuencia. Deben realizar las denuncias, sin importar la pérdida de tiempo; deben insistir con los fiscales, aunque vean poco interés en la investigación y, por ningún motivo, aceptar acuerdos reparatorios, aunque ello implique recuperar el valor de lo robado. Lo importante es perseguir que los delincuentes terminen condenados, aunque sean a penas mínimas. Es la única forma para luego probar las reincidencias, que constituirán agravantes que permitan eventualmente sacar de circulación a un par de delincuentes. Debe actuarse con una política de “tolerancia cero” ante cualquier robo, ya sea dos manzanas o una SmartTV.

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