[OPINIÓN] A propósito de la situación de Puerto Río Tranquilo

 


 

Por Andrés Gillmore A. @veranadas
Past-Director Corporación Costa Carrera

 

Lo que está sucediendo en Puerto Río Tranquilo y que fue portada de El Mercurio hace unos días, al ser sobre pasada la localidad por los visitantes, es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando no se tiene la capacidad de entender la importancia de saber calcular las capacidades de carga para no terminar contaminando el entorno, de una realidad que ha estado ocurriendo en otras regiones del país y que no podemos permitir que suceda en Aysén y que está aconteciendo con la salmonicultura, la minería y con la actividad turística.

 

En Puerto Río Tranquilo se invirtió una millonaria suma de dinero para construir una planta de tratamiento aguas servidas. Al poco tiempo colapsó y empezó a contaminar el río Tranquilo y el lago General Carrera, con todo lo que eso significa en una localidad turística”.

 

Hace tiempo que vengo hablando de un tema que es trascendental y es esencial para proyectar sustentabilidad, y no es nada complicado de entender, porque no es más que aplicar el sentido común a la estrategia de desarrollo. Hace rato que no se están respetando las capacidades de carga en actividades de gran relevancia. Las autoridades del gobierno regional, diputados y senadores al parecer no entienden del tema o simplemente no les interesa, a pesar de su importancia para el desarrollo sustentable de cualquier territorio y es extraño que la autoridad no vea la relevancia de saber la capacidad de carga de cualquier actividad productiva y de servicios que se preste, y que es sumamente importante guardar una adecuada relación entre la oferta y la demanda para no morir en el intento.

Para hablar en sencillo, lo que está sucediendo en la actualidad en nuestro querido y amado Aysén -y que por suerte aún estamos con posibilidad de rectificar- es como si una casa diseñada para una familia de 5 personas descubre que puede ganar dinero dando alojamiento. Lógicamente, al dueño le cambia la vida con el dinero que le entra, se compra todo lo que puede comprar el dinero y se transforma en un ejemplo para los vecinos, pero con el tiempo en la casa comienzan a congestionarse los baños, las aguas servidas comienzan a trasvasar al jardín, la cocina comienza a no dar abasto y la grasa comienza a acumularse. Los dormitorios viven sucios y nadie se preocupa de limpiar y ordenar la casa, solo se habla de ganar plata y la familia invierte en más promoción. El dueño de casa se transforma en el icono del emprendedor exitoso de su comuna. Al final la casa comienza a deteriorarse rápidamente, pierde su valor y pone en riesgo a la familia.

Al final la familia comienza a tener complicaciones físicas por la contaminación y la mugre, empiezan a tener complicaciones sicológicas por el hacinamiento en el que viven, comienzan a surgir hostilidades internas entre ellos y con los vecinos, los riesgos de accidentes domésticos aumentan considerablemente y finalmente la casa termina por destruirse y por supuesto la vida de los que la habitan se transforma en lo que pudo ser y no en lo que debió haber sido ante el emprendimiento. Simplemente por no haber sabido calcular la capacidad de carga de la casa.

El ejemplo de la casa es lo que, precisamente, está comenzando a ocurrir en Aysén, simplemente porque no se ha tenido la capacidad de calcular las capacidades de carga que pueden soportar las actividades productivas y de servicio que se están realizando, siendo Aysén una región con las características que posee, territorialmente inmenso, y a la vez extremadamente vulnerable en relación a cómo nos relacionamos con el medioambiente y es relevante cuidarla con cariño y proyección de futuro.

Aysén necesita gobiernos regionales responsables y criteriosos, con altura de mira para enfrentar al mundo de intereses creados que poco y nada les interesa el futuro de las comunidades y de la región, que solo piensan en términos económicos. Por lo tanto, se hace más que necesario tener la capacidad de reevaluar el formato de lo que se está haciendo a nivel productivo y de servicios en todos los temas, si queremos que la región tenga la oportunidad de proyectar sustentabilidad para sus comunidades.

Es vital en materias de desarrollo regional, entender que Aysén se sustenta en su denominación de origen y en el sello verde que proyecta. Saber hasta dónde se puede llegar con el formato productivo y de servicios es fundamental. Desarrollar un plan estratégico para saber cuáles son las capacidades de carga es básico para la sustentabilidad; que según mi forma de ver la sustentabilidad, se ha transformado en un tema de sobrevivencia social, cultural y ambiental para la región y como tal debemos tener la capacidad de integrarlo como fundamento al modelo de desarrollo regional.

De seguir con la tendencia actual, totalmente ciegos ante este tema y no se cuente con planes estratégicos que permitan entender la problemática y lo que podría suceder en pocos años en caso de no respetarse este fundamento, terminaremos perdiendo la poca sustentabilidad que le va quedando a la región y eso sería imperdonable. Cuando uno analiza la región con la perspectiva histórica desde los años ‘80 hasta la actualidad, y proyecta los próximos 15 años, el diagnóstico es pésimo y Aysén estaría destinada a su destrucción social y ambiental a como la reconocemos en la actualidad. Sería como si un obeso mórbido no entendiera que debe dejar de comer grasa, hacer ejercicio y cambiar sus costumbre de vida y que es de vida o muerte hacerse un bypass gástrico.

El concepto de capacidad de carga esta relacionado directamente con el medioambiente y las comunidades que habitan los territorios y que como todos sabemos ha adquirido ribetes de importancia vital y se ha transformado en el dilema que debe solucionarse ante la gran demanda mundial por estar en Aysén, haciendo que el estudio de las capacidades de carga sea una herramienta de gran utilidad para el manejo de las actividades productivas y de servicios, porque permite evaluar en forma realista y no utópica, los impactos en el medio social, cultural, territorial y ambiental; entendiendo que muchas veces menos es más.

Las capacidades de carga se estudian para saber hasta dónde se puede llegar con los porcentajes de producción y de servicios y desarrollar estructuras de acuerdo con las necesidades reales, que permita conjugar costos, comercialización, lucro, porcentajes, protección ambiental y social y proyección de futuro y con esa base de sustentación construir modelos con metodologías flexibles, que permitan producir integralmente bajo parámetros sustentables y proyectar diseños estratégicos en lo que a infraestructura se refiere, para que sean adecuados a las necesidades y no como viene sucediendo desde hace un buen rato, donde muchas veces lo que se construye queda empequeñecido al poco tiempo de entrar en servicio y eso sucede precisamente por no exigirles a las empresas estudios de capacidades de carga.

Un ejemplo es lo que sucede con las localidades del sur en relación con las aguas servidas. En Puerto Río Tranquilo se invirtió una millonaria suma de dinero para construir una planta de tratamiento aguas servidas. Al poco tiempo colapsó y empezó a contaminar el río Tranquilo y el lago General Carrera, con todo lo que eso significa en una localidad turística. El alcalde de la localidad se defendió en su momento, aduciendo que el proyecto estaba recién implementado y había sido diseñado por expertos. Los habitantes informaron en su momento que sabían que el proyecto no iba a funcionar, porque estaba mal diseñado y por estar ubicado al lado del río Tranquilo. La empresa calculó de acuerdo con los habitantes de Puerto Río Tranquilo y no proyectó que en temporada turística aumentaba considerablemente su población. Como nadie fiscalizó, la empresa hizo lo mínimo y cobro lo máximo y se jodió Puerto Río Tranquilo, ejemplo aplicable a una gran cantidad de proyectos que se realizan en Aysén.

La evaluación de las capacidades de carga hacen comprender los valores que deben definirse al intervenir productivamente los territorios y las localidades, tomando en cuenta de antemano los posibles conflictos estructurales, los problemas y los riesgos antes que estos sucedan y de esa manera mejorar los estándares de creación de condiciones que permitan servicios y producciones armónicas y balanceadas, con estrategias que aseguren la conservación territorial de los diferentes escenarios, definiendo la sustentabilidad productiva y de servicios haciéndolos sustentables en el tiempo; sobre todo en una región como Aysén, que le cuesta tanto conseguir fondos para realizar estructuras de uso público y si se hace mal, se hace para un buen rato.

Al explotar los recursos naturales sin calcular las capacidad de cargas, se generan desechos tóxicos de muchas índoles al no aplicar tecnologías adecuadas y por el aumento de la población en determinados periodos de tiempo, que hacen que implementar sistemas de producción y servicios mal evaluados, mal procesados, con variables que actúan en contra del medioambiente y de las comunidades que habitan los territorios, coartan la capacidad de obtener un futuro sustentable y lo que es peor, destruyen la capacidad de producir dentro de los límites de las capacidades reales de carga y eso es el fin de todo.

Cuando se trata de recursos no renovables como en el caso de la minería y la salmonicultura, se hace obligatorio contar con estudios acabados de capacidades de carga de producción, que expongan el rendimiento máximo que puede obtenerse sin poner en peligro el futuro del territorio y del medio donde se está operando y que no suceda lo que pasa con la Mina El Toqui, que lleva décadas tirando cianuro al río Mañihuales. Por ello, no puede seguirse implementando modelos de desarrollo fundamentando en la sobre-explotación, sin contar con estudios serios y profesionales que ayuden a comprender cabalmente las capacidades de carga antes de ponerlas en ejecución.

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