Crónica “Después D” – Viernes 25 de Marzo de 2011

Fin a la eutanasia del debate…

Por Claudio Díaz Peña

Por estos días avanza en Chile el trámite legislativo del proyecto que regula los derechos y deberes de los pacientes, una iniciativa fundamental en la relación del médico con su paciente. Es un proyecto relevante que aborda el cómo construimos relaciones humanas de mejor calidad en la atención de salud que recibimos a diario. Llamar al paciente por su nombre, informarle qué enfermedad tiene, cuáles son las alternativas de tratamiento y sus complicaciones, parecen algo tan obvio, pero muy poco aplicado en la práctica.

No sólo se busca profundizar el respeto en el trato o resguardar que los datos de la ficha clínica sean realmente confidenciales, sino también que se garantice al paciente su derecho a ejercer su autonomía y su libertad en los últimos momentos de su vida, decidiendo -por ejemplo- si es digno el tipo de vida que sobrelleva con un determinado tratamiento.

En este sentido, la propuesta legislativa de los derechos y deberes de los pacientes, tuvo 3 controvertidas indicaciones: una para establecer el derecho del paciente que padece una enfermedad incurable a solicitar a su equipo médico la muerte asistida; otra para crear comités éticos que comprueben que los requisitos contemplados para solicitar la eutanasia se cumplen; y otra que despenalice el ‘suicidio asistido’ para el facultativo que lleve a cabo la solicitud del paciente. Las 3 indicaciones fueron rechazadas en la Comisión de Salud del Senado.

Ciertamente, tomar una decisión como el suicidio asistido es un debate complejo en el que aún continúan varios países en el mundo. Sin embargo, Holanda fue la primera nación en legalizar la eutanasia en el año 2002, casi al mismo tiempo Bélgica se sumó a despenalizar la llamada “buena muerte”. Y ya en 2008 el pequeño país de Luxemburgo aceptó provocar la muerte a un enfermo incurable por expreso y reiterado deseo de éste, y bajo estrictas garantías legales.

En el estado de Oregón, EEUU, los médicos pueden prescribir drogas a pacientes terminales con una expectativa de vida no mayor de 6 meses, para que ellos mismos se las administren. En Noruega, Dinamarca, Alemania, Austria o España, el paciente goza de autonomía para rechazar por sí mismo o a través de su familia, determinados tratamientos aunque ello pueda conducirle a la muerte. En Gran Bretaña, la Fiscalía ordenó hace poco ‘aflojar’ los criterios de persecución hacia personas que ayuden a suicidarse a un enfermo terminal.

Por ahora, en Chile, lo relevante es que temas como la interrupción artificial de la vida, ya no estén vetados o censurados a priori y que por primera vez ingresan a la discusión pública de instancias como el Senado del país. Pues más que un debate de la Eutanasia, teníamos una eutanasia del debate…

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