COLUMNA EPD: “Sí, soy demagogo…”

 

La clase política puede estar escéptica de ir a una Asamblea Constituyente, simplemente porque no sabe de qué se trata, si en los últimos 40 años ha aprendido a resolver cada tema consensuando, cediendo y oponiéndose en torno a los grupos de fuerza económica y política, no a construir con las fuerzas sociales. Por eso evidencian hoy su temor a que se les “mueva el piso”.

 

Por Claudio Díaz Peña (*)
cdiaz@elpatagondomingo.cl / @claudio_diazp

 

Asamblea Constituyente, esa es la materia que por varios años ya algunos referentes estudiantiles y sociales han venido analizando y postulando, para el cambio de raíz de la actual Constitución que rige a Chile, y que fue “aprobada” en 1980, en los primeros años de la dictadura del general  Pinochet. Por tanto, es una Carta Magna cuestionada por muchos y para no pocos, ilegítima.

El problema es que en la propia Carta Fundamental de 1980 no se manifiesta explícitamente ni en forma alguna de cómo abrir un proceso de cambio o restauración de la misma. Se entiende, entonces, que se trataría de una especie de documento perenne, eterno, inmortal, indestructible, inamovible… dictatorial. Y es que pareciera que fue pensada para nunca ser reemplazada por otra.

Sin  embargo, hoy existe la noción, en buena parte de las “nuevas generaciones movilizadas”, que es necesario iniciar una movilización activa por un nuevo marco constitucional.

Lo curioso, es que ante la mención de esta iniciativa, ya hay políticos que se han manifestado directamente en contra de la simple posibilidad de CONSULTAR a la ciudadanía sobre su interés en elaborar una nueva Constitución. Porque tan básico como eso es lo que plantea la moción de instalar una tercera o  cuarta urna en las próximas elecciones presidenciales de 2013…  Es decir, sencillamente, preguntarle a la gente lo que piensa… ¿qué atroz, no? ¿Qué peligroso? ¿Qué insensato y demagógico? Es que así –ojo- lo han pintado ya parlamentarios oficialistas y de oposición, como si el sólo hecho de preguntar a las personas sobre qué queremos como país, sea un “volada” de aquellas, un distorsionador de expectativas, un volador de luces, un magnicidio político y social.

El argumento de quienes caricaturizan una Asamblea Constituyente es que no hay crisis institucional alguna, y seguido hacen gárgaras con la “estabilidad democrática” que vivimos.

Y es que si la demagogia es cuando la ciudadanía se organiza, se moviliza y exige  participación real para decidir en esta sociedad, entonces soy demagogo. Aún más, si la demagogia es querer cambiar la estructura de cómo vivimos los chilenos y chilenas, en términos de Educación, de Salud, de leyes laboral, de la relación con las empresas, de los impuestos? Repito, si soy demagogo.

Seguramente, los parlamentarios que no consideran apoyar iniciativa alguna de avanzar en una consulta democrática respecto de lo que la gente piensa, refieren a una gobernabilidad, que nos mantiene mirando como se negocia por meses un presupuesto nacional, un aumento de  salario mínimo o una reforma tributaria por meses, que luego de enconados discursos para los micrófonos de prensa, resultan finalmente en proyectos de ley timoratos, asépticos y bastantes funcionales a la “estabilidad” esa. Así, dejan en claro que en el hemiciclo, finalmente, las leyes se postulan de espalda a los movimientos sociales. Es precisamente, la legitimidad de esa “estabilidad” la que esta hoy en cuestionamiento, no la estabilidad misma…

La clase política puede estar escéptica de ir a una Asamblea Constituyente, simplemente porque no sabe de qué se trata, si en los últimos 40 años ha aprendido a resolver cada tema consensuando, cediendo y oponiéndose en torno a los grupos de fuerza económica y política, no a construir con las fuerzas sociales. Por eso evidencian hoy su temor a que se les “mueva el piso”.

Claro, porque la Asamblea Constituyente es interpretada como un “borrón y cuenta nueva”, un “partir de cero”, un “cambio copernicano”. Y ciertamente, tiene que ver con refundar, pero a partir de lo que somos hoy y hemos sido antes, ponernos acorde a los tiempos. Y ahí es donde los viejos tercios políticos entran en pánico, porque sacudir la percudida política actual tiene sus costos para los intereses inamovibles, esa estabilidad del Chile actual, incluso del Aysén actual, ese status quo, donde nadie quiere arriesgar un milímetro, pese a que esas realidades estáticas revelan la inequidad misma en su grado máximo o la ineficiencia de la representatividad en su expresión más monumental.

Pareciera que da lo mismo haber ganado poder mediante el antidemocrático sistema binominal, o haber ganado millones a partir del endeudamiento de quienes han tenido ese tonto capricho de querer que sus hijos estudien en alguna universidad. Da lo mismo parece, que hoy se negocie si entregar salud de calidad dependiendo de cuántos ceros tiene tu cuenta corriente, si es que la tienes, o usufructuar de la propiedad y rentabilidad de tus cotizaciones, de tu propio trabajo, donde una administradora “juega” apostando -cual casino- en el mercado internacional de valores, con tu dinero de años de esfuerzo.

Desde la Asamblea Nacional Constituyente de París en 1789, hoy en nuestro barrio sudamericano se ha vuelto al ejercicio de actualizar, de darle un refresh a la sociedad, y se ha venido dando con más interés y ejemplos de los que imaginamos.

La Asamblea Constituyente de Colombia, aprobó su nueva Constitución Política en 1991. En 1992, el Congreso Constituyente Democrático dio luz verde a la Constitución del Perú, que ya había tenido una Asamblea Constituyente 14 años antes. Ya en 1999, Venezuela se sumó con su nueva Constitución mediante una Asamblea Nacional, lo que más recientemente replicó la Asamblea Constituyente de Bolivia y el surgimiento de la Constitución Política boliviana de 2007.

Convengamos en que existen distintas visiones, diversos diagnósticos de la realidad, pero la inquietud y probablemente el rol social de asistir a una coyuntura de desarrollo, está ahí, donde de no resolver estas expectativas, seguiremos viendo cómo la Asamblea de Calama, la Asamblea de Magallanes y el propio Movimiento Social de Aysén seguirán replicándose una y otra vez por todo Chile…

(*) Es Periodista y Editor de Contenidos de EPD Comunicaciones Ltda.

 

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