COLUMNA EPD: “Muñequeo social vs muñeca política”

El grado de credibilidad que lograron algunos dirigentes sociales como Camila Vallejo y Giorgio Jackson en el caso de los estudiantes y, luego, la figura de Iván Fuentes en el ámbito ciudadano, no ha podido ser repuesto éste año, primero, por el agotamiento social y, segundo, por la estrategia del Ejecutivo, que ha ido aprendiendo a relacionarse con los movimientos sociales.

 

Por Jorge Díaz Guzmán (*)
jdiazguzman@elpatagondomingo.cl

 

Durante el año pasado, hasta el Movimiento por Aysén y, el de Freirina de este año, parecía que las organizaciones sociales se habían instalado como los principales actores que había que escuchar y atender, así lo entendió el Gobierno al invitar a Iván Fuentes, en marzo pasado a La Moneda, también los dirigentes políticos y parlamentarios les abrieron sus puertas para no quedar fuera de la foto. Eran los tiempos en que los dirigentes sociales la llevaban.

En ese cuadro de movilización social, los estudiantes secundarios y universitarios, fueron protagonistas durante 2011, tanto así,  que generaron  modificaciones en el Gabinete Presidencial y dieron cuenta de 2 ministros de Educación.

Pasado el segundo semestre, cuando se inicia la lucha electoral y los parlamentarios son más protagonistas en  materias como el sueldo mínimo,  reforma tributaria y, próximamente, el reajuste del sector público y presupuesto de la nación, los denominados “grupos de presión”, van quedando de lado,  más aún, cuando el ciudadano común, no obstante, compartiendo las demandas sociales, no adscriben algunas estrategias y menos las consecuencias derivadas de ellas.

El grado de credibilidad que lograron algunos dirigentes sociales como Camila Vallejo y Giorgio Jackson en el caso de los estudiantes y, luego, la figura de Iván Fuentes en el ámbito ciudadano, no ha podido ser repuesto éste año, primero, por el agotamiento social y, segundo, por la estrategia del Ejecutivo, que ha ido aprendiendo a relacionarse con los movimientos sociales.

Pero quizás el déficit más complejo que están enfrentando los grupos de presión, es la falta de orgánica en la conducción de los mismos.

Una cosa es levantar la demanda, convocar a la ciudadanía a que se manifieste en torno a sentidas aspiraciones, como el fin al lucro en la Educación, la baja del costo de la vida – como ocurrió en Aysén-, o el término de molestias ambientales -como en Freirina o Ventanas-; otra cosa es,  generar una fuerza social organizada que luego de la protesta, trabaje en mesas técnicas, articule acciones y genere propuestas de mediano y largo plazo. Esa tarea, sólo la pueden implementar organizaciones que tengan un mínimo de logística y en ese plano obviamente, los ciudadanos están huérfanos.

Por tanto,  mientras los grupos de interés sean  inorgánicos, espontáneos y  sólo se convoquen a través de redes sociales, sus logros se medirán solamente, en función de cuánta gente sean capaces de movilizar en las calles, y con ello generar alguna reacción en los grupos de poder, sean estos, gubernamentales o económicos.

Cuando se revisa lo ocurrido en Magallanes, Aysén, Freirina o el movimiento estudiantil, se evidencia que lo relevante es el número de personas en las calles, y no cuándo se consigue producto de esa movilización. Es decir, el hecho se traduce sólo en una acción contestataria.

Sin duda, el “debe” en las diversas movilizaciones, todavía es la conducción y aquí pareciera que la responsabilidad recae en los referentes políticos y sociales. El fenómeno, es que por una parte,  las movilizaciones no quieren vincularse con los partidos políticos y entidades sociales clásicas, y por otra, éstas no han sido capaces de generar “puentes”, que  permitan dialogar y buscar caminos de solución a las aspiraciones ciudadanas.

Al final, lo que podría ocurrir, es que la gente común y el ciudadano conciente se aburra de la movilización por la movilización, aumente la decepción, y ya no sólo de las estructuras de poder clásicas, sino que también de la movilización misma como herramienta legítima para alcanzar las aspiraciones postergadas, quedando únicamente en las calles aquellos que no quieren que se abran espacios de discusión democrática.

(*) Es Comunicador Social y Director Ejecutivo de EPD Comunicaciones Ltda.
 
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