COLUMNA EPD: “Los números suelen ser antiéticos”

La pobreza, para muchos es el subsidio de la riqueza, es una resultante de la injusticia institucionalizada, es decir, hay barreras que la propia sociedad pone, para que un conjunto de familias se quede rezagada, y con ello utilizar sus necesidades con los más perversos fines.

 

 

Por Jorge Díaz Guzmán (*)
jdiazguzman@elpatagondomingo.cl

 

El debate en torno a la baja o no, del 0,7 % de los niveles de pobreza, a mi modo de ver carece de sentido, si se considera que nadie puede estar contento por un estancamiento de ese indicador. Ahora, si se quiere  cuestionar la cifra, la línea argumental usada por estos días, por parte de los detractores es tan pobre,  como la realidad de esas miles de familias, que no obstante el éxito económico que ha alcanzado el país, siguen pasándola mal.

Chile, ha bajado con dificultad los niveles de pobreza, en comparación al crecimiento de la economía, fenómeno que muchos especialistas lo han explicado majaderamente.

El mejor argumento sería -si el objetivo es rebatir la cifra entregada por el ministro Lavín- que en 1990 la pobreza en Chile alcanzaba casi un 40% y que en 2009 cayó al 15,1%. Es decir,  la baja de ese cuestionado indicador fue de 24,5 puntos porcentuales, o si lo prefieren, más de un 1% por año. Obviamente,  un promedio que supera con creces el 0,7% alcanzado en los años 2010-2011.

Pero insisto,  ese no es el punto. La pobreza en Chile no es un problema económico y tampoco un guarismo, que sólo se muestra por vanidad política o cómo argumento seductor para conseguir un voto.

La pobreza, para muchos es el subsidio de la riqueza, es una resultante de la injusticia institucionalizada, es decir, hay barreras que la propia sociedad pone, para que un conjunto de familias se quede rezagada y con ello, utilizar sus necesidades con los más perversos fines. En Europa Central, lo fue para colocar créditos, tarjetas de consumo, viajes, etc., la idea fue cubrir todas las aspiraciones de los más pobres, con el avance en efectivo, instantáneo y rápido. El eslogan es: “si no tiene el dinero, no importa, yo hago posible su sueño de la casa propia, de la lavadora, del plasma y del computador personal”.

Nuestros pobres, los chilenos, van por el mismo camino. Ya vimos el ejemplo de La Polar, donde sus ejecutivos nunca se cuestionaron éticamente la acumulación de riqueza que se reflejaba en sus cuentas corrientes, cuando repactaban y repactaban las deudas de los clientes, tampoco se cuestionaron quienes endeudaron a las familias, que “compraban” educación, rol ineludible de la sociedad en su conjunto, desde la antigua Grecia.

Entonces, como el problema de la pobreza pasa por la institucionalidad de cada país, tiene que ver con el marco que regula las relaciones sociales y políticas, pareciera que la solución va por ese carril. Entonces, mientras no mejoremos las “reglas del juego”, los niveles de riqueza no tendrán coherencia con la existencia de familias desplazadas socialmente.

Por eso la clase política, los grandes grupos económicos y las elites son cuestionadas por las grandes mayorías que están al margen del desarrollo, el cuestionamiento de los pobres no es a cómo se mide su estado, el reclamo es, por qué mientras más crece la economía, se mantiene un sector no menor, que no participa de ese éxito y la respuesta es clara: hay una barrera, un dique institucionalizado para que algunos no logren pasarlo y eso debe ser sancionado moral y éticamente.

 

(*) Es Comunicador Social y Director Ejecutivo de EPD Comunicaciones Ltda.
 
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