COLUMNA EPD: “Los Límites de la Democracia”

Nuestro país aun rompe muy pocos paradigmas, porque superó la dictadura en un proceso a medias, conformó un gobierno con limitaciones democráticas y limitó el rol de algunos poderes del Estado, la clase dirigente alcanzó ciertos acuerdos con los poderes fácticos para darle gobernabilidad a la transición, a tal punto, que quien se mantuvo en el poder durante 17 años, entregó en 1990 la banda presidencial en el Congreso Pleno. Luego siguió siendo comandante en jefe del Ejército y cuando fue detenido en Londres por crímenes de lesa humanidad, fue el Estado de Chile, quien lo liberó de los tribunales británicos y cortes internacionales. Es decir, el general Pinochet se legitimó en la institucionalidad, formó parte del nuevo poder democrático.

 

 

 

Por Jorge Díaz Guzmán (*)
jdiazguzman@elpatagondomingo.cl

El debate que se ha generado en torno a si la gente que se identifica con el general Pinochet y su dictadura, tiene derecho o  no a realizar un acto que ensalza su figura, complica al gobierno y a quienes enarbolan los principios democráticos y que fueron víctimas o vivieron el rigor del periodo 1973-1990.

La pregunta que muchos se hacen es, ¿dónde está el límite de la democracia, la tolerancia con el otro y el respeto a que los demás no piensen como uno?; al revés o en negativo ¿se debe aplicar la intolerancia -como se aplicó en su régimen,- a quienes no comparten la misma visión de una sociedad democrática?

La práctica de la intolerancia, no sólo tiene como origen la defensa fanática de los dogmas y el veto a la libertad de conciencia o creencia, sino que se aplica muchas veces por temor a la libertad de pensamiento y a otras libertades, como ha ocurrido en el ámbito de las religiones. Ejemplo claro de ello, es la época de la Inquisición, donde se persiguió y eliminó a quienes se salían de los principios de la Iglesia católica de esa época.

Sin duda, que es del todo interesante el debate  en torno a, si tienen derechos o no a exhibir una película respecto de la figurar del general Pinochet y una visión particular de sus 17 años de dictadura. Su régimen por ejemplo -ya que estamos hablando de películas-, prohibió a los chilenos disidentes, ver en los cines del país, la película “La última tentación de Cristo”, basada en la novela del griego Nikos Kazantzakis y hubo que sacar copias clandestinas y juntarse discretamente para conocer la particular visión que el escritor propone respecto de la vida de Jesucristo.

Muchos dirán, en el caso del acto a Pinochet, que hay una sanción moral por lo que representó su gobierno, se esgrimirá una postura ética y política, en torno a las miles de víctimas que dejó durante sus 17 años de autoritarismo y, por tanto, no es posible que se le rinda un homenaje a quien tanto dolor causó a los chilenos. Sin duda, argumentos válidos para sostener un juicio crítico y condenatorio, a un acto como el que se planea para el próximo domingo en el mítico Teatro Caupolicán de calle San Diego.

Por estos días, en Europa, el debate sobre la democracia, la libertad, la propiedad privada y el rol del Estado, abre nuevas puertas y derriba paradigmas como la democracia representativa versus la participativa; el límite de la intervención del Estado en materia económica; y los derechos civiles rompen con los dogmas religiosos, al permitirse el matrimonio entre personas del mismo género.

Nuestro país aun rompe muy pocos paradigmas, porque superó la dictadura en un proceso a medias, conformó un gobierno con limitaciones democráticas y limitó el rol de algunos poderes del Estado, la clase dirigente alcanzó ciertos acuerdos con los poderes fácticos para darle gobernabilidad a la transición, a tal punto, que quien se mantuvo en el poder durante 17 años, entregó en 1990 la banda presidencial en el Congreso Pleno. Luego siguió siendo comandante en jefe del Ejército y cuando fue detenido en Londres por crímenes de lesa humanidad, fue el Estado de Chile, quien lo liberó de los tribunales británicos y cortes internacionales. Es decir, el general Pinochet se legitimó en la institucionalidad, formó parte del nuevo poder democrático.

Por tanto, no debiera sorprendernos un acto como el  que se organizan para el 10 de junio. Los partidarios del capitán general, con este hecho, demuestran cuán imperfecta o cuán conciliadora ha sido nuestro transito a la democracia, que los que ayer la interrumpieron, hoy se sienten con el derecho de reivindicar su gesta antidemocrática.

Para terminar esta reflexión cito una del pensador francés Claude Lefort “la democracia no puede ser reducida a una forma de gobierno o de Estado o a un mecanismo para la toma de decisiones por parte de la mayoría de los ciudadanos, sino es, ante todo, una forma de sociedad, es decir, un tipo de constitución y un modo de vida radicalmente opuestos a la sociedad totalitaria”.

 

(*) Es Comunicador Social y Director Ejecutivo de EPD Comunicaciones Ltda.
 

 

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