COLUMNA EPD: “Hacia un nuevo estándar democrático”

Pero el debate que provocó el encuentro de los partidarios de Pinochet en el Teatro Caupolicán, también gatilló otra declaración catársica, esta vez  de parte del presidente del Senado, Camilo Escalona, militante del Partido Socialista, quién dijo respecto del gobierno de Cuba: “nosotros (los socialistas) estamos porque en Cuba se pueda avanzar en un régimen democrático, no hay libertades políticas y de asociación, y que por cierto eso genera una situación que, del punto de vista de los valores democráticos, inaceptable”. Es decir, rompe con la simpatía histórica hacia la revolución cubana, al igual que Chadwick respecto del régimen impuesto por Pinochet.

 

Por Jorge Díaz Guzmán (*)
jdiazguzman@elpatagondomingo.cl

Según Aristóteles, la catarsis es la facultad de la tragedia de redimir o “purificar” al espectador de sus propias bajas pasiones, y el permitirle ver el castigo merecido e inevitable de éstas; pero sin experimentar dicho castigo él mismo.

Este fin de semana hemos sido testigos de un acto similar, a propósito del encuentro  organizado por los partidarios del general Pinochet en el Teatro Caupolicán de Santiago. Más allá del acto mismo, donde se desataron las pasiones de los manifestantes, tanto de los partidarios del dictador, como de los opositores que “funaron” a los asistentes, están las consecuencias  y el debate que se produjo en torno al lanzamiento del  documental que muestra, desde el punto de vista de los partidarios del general, los hechos ocurridos desde 1970, cuando asume el gobierno de la Unidad Popular hasta el retorno a la democracia en 1990.

Cuando Aristóteles define el concepto catarsis en el siglo cuarto A.C., lo hizo pensando en la tragedia griega y en lo que sentían los espectadores al ver las representaciones, pero fue Sigmund Freud quien lo integra como método del sicoanálisis, definiéndolo como el proceso o remembranza de una emoción, del  recuerdo reprimido, que generaría un “desbloqueo” súbito de dicha emoción o recuerdo, que le permite al sujeto, entender mejor dicha emoción y hablar ampliamente sobre ello.

Eso fue lo que al parecer le ocurrió al Ministro Secretario General de Gobierno Andrés Chadwick, cuando en medio del debate, reflexiona públicamente señalando que “hay una situación que sí me arrepiento, que es la violación brutal a los derechos humanos que se efectuó en el gobierno militar y de eso tengo un profundo arrepentimiento de haber sido partidario de un gobierno donde esos hechos sucedían”.

Distinto a lo que había declarado Joaquín Lavín, cuando dijo que si hubiese sabido, antes de 1988, que en el gobierno militar se habían atropellado los derechos humanos él también habría votado NO, como lo hizo el Presidente Piñera. En el caso del ministro Chadwick, efectivamente hay un desbloqueo -como dice Freud- al manifestar su arrepentimiento de haber sido partidario de un régimen, que como él enfatiza, violó brutalmente los derechos humanos, y claro, el arrepentimiento sólo se pude hacer de algo que se hizo, en este caso haber apoyado un gobierno que cometió delitos, distinto al caso de Lavín, que dice no haber sabido que se cometían esos hechos…

Pero el debate que provocó el encuentro de los partidarios de Pinochet en el Teatro Caupolicán, también gatilló otra declaración catársica, esta vez  de parte del presidente del Senado, Camilo Escalona, militante del Partido Socialista, quién dijo respecto del gobierno de Cuba: “nosotros (los socialistas) estamos porque en Cuba se pueda avanzar en un régimen democrático, no hay libertades políticas y de asociación, y que por cierto eso genera una situación que, del punto de vista de los valores democráticos, inaceptable”. Es decir, rompe con la simpatía histórica hacia la revolución cubana, al igual que Chadwick respecto del régimen impuesto por Pinochet.

Lo interesante de ambas declaraciones, no solo por lo novedoso de ellas, es que las hacen 2 políticos con tonelaje propio, desde sus respectivos sectores. El primero, Chadwick, de la Unión Demócrata Independiente, que lleva la mochila del conservadurismo y del rol que muchos de sus militantes jugaron en el gobierno de facto que lideró Pinochet; y Escalona, referente de la izquierda chilena y líder del socialismo criollo, formado en torno a la figura de Fidel Castro y su revolución.

Hoy el sistema democrático no tiene 2 interpretaciones, valores como el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y la alternancia en el poder, son compartidos por la sociedad chilena como principios intransables de nuestra organización institucional. Por tanto cualquier grupo que no sostenga esos valores  no debiera tener cabida en la vida nacional.

Quizás este sea el mejor resultado de la catarsis dominguera, el acuerdo implícito, en torno al estándar de nuestra democracia, no más interpretaciones eufemísticas respecto de cómo organizar la sociedad, cuando  decimos que tenemos convicciones  democráticas.

(*) Es Comunicador Social y Director Ejecutivo de EPD Comunicaciones Ltda.
 

 

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