COLUMNA EPD: “Escupiendo la Democracia…”

Parece también que nos falta recordar a diario, que cuidar la democracia y la convivencia democrática no sólo es tarea de los políticos y los militantes de partido, es fundamentalmente responsabilidad de quienes la vivimos y la apreciamos, es decir, es la tarea de los ciudadanos que no queremos ser idiotas (a la griega).

 

 

Por Claudio Díaz Peña (*)
cdiaz@elpatagondomingo.cl / @claudio_diazp

 

La semana pasada el diputado del Partido Comunista, Hugo Gutiérrez, tuiteó refiriéndose al Presidente Sebastián Piñera como “el muy idiota…”.

La posterior e intrincada explicación del diputado y abogado, en que hizo referencia al concepto de idiota en la antigua Grecia, donde se le llamaba así  a quienes no se involucraban en la política, es decir, en los temas que son de interés de la “polis”; incluyó una suerte de disculpa, “si es que” había ofendido a la primera autoridad del país.

Esta insolencia, del parlamentario por Tarapacá, ciertamente fue la evidencia de lo enrarecido y empobrecido que en buena parte ha estado el debate entre gobierno y oposición, en las últimas semanas, señales que lamentablemente se transmiten a toda la ciudadanía.

Ayer, la decisión del estudiante de antropología, Elías Sanhueza, de escupir a la candidata presidencial Michelle Bachelet tuvo inmediatamente la condena de todos los sectores políticos. Tanto personeros de la Oposición como de la Alianza de Gobierno rechazaron la agresión a Bachelet. Y es inaceptable, no porque sea candidata, no porque sea ex Presidenta, o porque fue directora de ONU Mujer ni siquiera porque sea mujer, es sencillamente inaceptable porque es una persona como usted o como yo, y que merece respeto.  En consecuencia, no es aceptable escupir a una candidata o candidato de izquierda o de derecha, ni de centro o independiente, ni a una mujer, ni a un mapuche ni a un homosexual, ni a un carabinero, ni a un estudiante o a un ejecutivo bancario… a nadie.

    Parece redundante decirlo, pero la violencia, de donde venga y a donde vaya, es repudiable.

   El llamado ha sido insistente, de quienes entienden que la política es necesaria para todo lo que aspiramos como personas y como país, para que se depure y atienda al respeto, a las ideas, a más calidad en el debate, a más calidad en las acciones y también en las declaraciones.

     La clave está en lo que la propia Michelle Bachelet señaló ayer tras recibir la agresión de Elías Sepúlveda, en cuanto a que si no entendemos la esencia de qué es la democracia, nunca podremos mejorarla y perfeccionarla. En buenas cuentas, avanzar. Quedaremos simplemente estancados, y pareciera que parte de ello es lo que por estos días estamos viendo y viviendo.

     Parece también que nos falta recordar a diario, que cuidar la democracia y la convivencia democrática no sólo es tarea de los políticos y los militantes de partido, es fundamentalmente responsabilidad de quienes la vivimos y la apreciamos, es decir, es la tarea de los ciudadanos que no queremos ser idiotas (a la griega).

        Ahora, esto de cuidar la democracia, sin duda, puede resultar un concepto un tanto exagerado para alguien que no sobrepasa los 25 años de edad, y no ha conocido en toda su vida, nada más que este sistema –imperfecto si de acuerdo- pero que es el que tenemos que pulir, hacerlo progresar, llevarlo a otro estado, actualizarlo… Se entiende entonces, que los estudiantes o trabajadores cuando marchan aspiran a ello, o el gobierno y la oposición con sus votos y proyectos en el Congreso también, desde visiones distintas –como no- pero legítimas y sin perder de vista esa misión.

            De no ser así, significa que nos volveremos todas y todos unos verdaderos y soberanos idiotas, pero a la griega, como decía el diputado Comunista, de esos que sin ideas, sin propuestas, sin debate, le quitan peso específico a la política, eso que debe interesar a la polis. Así, terminaremos mirándonos el ombligo, ensimismados, en nuestro pequeño mundo individual, preocupados cada uno y cada una de lo propio, de lo pequeño, de lo que nos ofrece nuestro enjaulado límite personal, hasta ahí no más, incapaces de ofrecer algo a los demás…  Y sabemos que todo eso, que representa la esquina más oscura y oblicua de un país, ya lo vivimos dolorosamente, sólo hace un par de décadas.

(*) Es Periodista y Editor de Contenidos de EPD Comunicaciones Ltda.

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