COLUMNA EPD: “Dime qué ves…”

Los medios de comunicación social, como la radio, la televisión o el cine, incluso Internet, no son neutros ni puramente inofensivos, que duda cabe; de hecho, influyen, convencen y son parte de la construcción de la realidad colectiva de una región o un país, pero de ahí a que sean el factor determinante, el quid de lo que finalmente decide que la gente transforme una conducta en un hábito, hay una gran distancia…

 

Por Claudio Díaz Peña (*)
cdiaz@elpatagondomingo.cl / @claudio_diazp

 

En el Hollywood de los años ’30, apareció en EEUU un curioso, pero muy “respetado” libro: el Código Hays. La publicación incluía, básicamente, una serie de normas que regulaba lo que debía verse o no en una película gringa.

El Código Hays -que comenzó a regir en 1934- prohibía, por ejemplo, que se delataran o sugirieran los genitales del hombre en algún filme, ya fuera con pantalones ajustados o bultos “dudosos”. Lo mismo para la mujer, que no debía insinuar sus partes pudendas, ni siquiera en sombras. Aunque  parezca increíble, este código moral de la industria del cine yanqui, de las primeras décadas de siglo pasado, incluía reglamentación sobre lo que podríamos llamar la “flora capilar” de una persona. Así, era impensado exhibirse  en pantalla  al más puro estilo Tarzán, o sea, mostrando una o ambas axilas, y mucho menos revelar cualquier frondosidad velluda del cuerpo que se pueda imaginar, con excepción -claro- del pelo que llevamos sobre la mollera.

El Código Hays descartaba de plano entre otras situaciones, ósculos de más de 3 segundos, un inocente striptease, algún desnudo artístico, o escenas de sexo explícito al estilo “Infieles”. Era una época ultramoralista, que censuró por 3 décadas, no sólo lo erótico y lo sexy, también la violencia explícita y el uso de drogas, especialmente, el consumo de alcohol sin justificación, el que siempre debía mostrarse con moderación en la pantalla.

Curiosamente, el Código Hays no reprobó el que apareciera algún actor o actriz fumando. Sin embargo, los principios del librito de Hollywood se aplicaron con fuerza hasta la década de los ’60, lo que me pone a pensar en la moción de ley que se debate por estos días en Chile, para prohibir el que se muestre a personas fumando en producciones audiovisuales nacionales.

Tal y como se dieron cuenta en EEUU, tras abolir en 1966 el Código Hays, los espectadores no pueden ser tratados como niños, a no ser que sean niños. Pero cuando hablamos de público adulto, las “ideas iluminadas” de prohibir y sancionar lo que se debe mostrar en una pantalla o no, resulta -hace bastante rato- un reverendo absurdo.

El “efecto Hays” en Hollywood –una censura además autoimpuesta por la propia industria cinematografica- aportó incluso a que los estadounidenses comenzaran a preferir el cine europeo, más desenfadado y realista.

Claro, no se trata de que no haya control. Simplemente, en EEUU se optó a partir de los años ‘60 por la clasificación de público para la exhibición de películas… similar a como existe hoy en Chile en el cine y en la regulación de horarios en televisión.

Es claro que de continuar intentando aprobar estas iniciativas legislativas en Chile, pronto podremos esperar que se prohiba también en la tv o en el cine que alguien aparezca bebiendo vino tinto, argumentando que así se desincentivará el consumo de alcohol, o que en una película chilena no se exhiba a un actor con un arma de fuego en la mano, no vaya a ser que algún joven, niño o adulto imite ese comportamiento…

Y es que si fuera así de automatica la causa-efecto de la pantalla grande y chica, sería tan fácil promocionar e instalar todo o positivo que muestra la televisión. Pero indudablemente no es así.

Los medios de comunicación social, como la radio, la televisión o el cine, incluso Internet, no son neutros ni puramente inofensivos, que duda cabe; de hecho, influyen, convencen y son parte de la construcción de la realidad colectiva de una región o un país, pero de ahí a que sean el factor determinante, el quid de lo que finalmente decide que la gente transformar una conducta en un hábito, hay una gran distancia…

Sinceramente da pena como legisladores pierden el tiempo en Chile discutiendo iniciativas en el Congreso que evidencian ignorancia, con ideas carentes de todo análisis previo, pues existe una enorme cantidad de estudios en los últimos 50 años sobre los medios de masas y las conductas sociales, que echan bien por tierra lo que defendía hace 90 años el Código Hays.

¿Más que acuñar la política simplista de restringir, prohibir y satanizar, no será mejor, que nos preocupemos de educar a los más pequeños?, es decir, enseñarles a niños, jóvenes y adultos a decidir como personas responsables, a ser ciudadanos concientes, a saber analizar problemas y enfoques propios para vivir en la diversidad y en la libertad que plantea una democracia, y que independiente de lo que decidamos individualmente, nos respetemos colectivamente… Difícil tarea, si  se piensa que son pocos los parlamentarios que conocen, aplican o tienen ganas de  vivir según estos principios de sentido común…

(*) Es Periodista y Editor de Contenidos de EPD Comunicaciones Ltda.

 

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