COLUMNA EPD: “¿De dónde heredamos la violencia?”

Es curioso entonces, que los dichos de hace unos días, de la dirigente de los estudiantes secundarios en Santiago, estremecieran al mundo político y al Gobierno, luego que llamara a funar las próximas elecciones municipales de octubre, tras una frustrada reunión con el ministro de Educación. Porque muchos sienten hoy, que quienes ya han venido funando la política en la última década, no han sido precisamente los ciudadanos o los dirigentes sociales del país, sino que los propios políticos que con sus acciones, omisiones y declaraciones, han ido dejado que este barco de la gran política, siga un rumbo desconocido y antojadizo, que nadie quiere timonear…

 

 

Por Claudio Díaz Peña (*)
cdiaz@elpatagondomingo.cl / @claudio_diazp

 

Esta semana previa a las Fiestas Patrias, ha sido una semana especialmente violenta.

No sólo porque en este 11 de septiembre murió un joven cabo de carabineros en un enfrentamientos por los 39 años del golpe militar, sino porque el lenguaje y la forma de abordar situaciones conflictivas han aportado con mayor fuerza a encender pasiones y odiosidades.

Es claro que la forma en que nos expresamos genera percepciones en quienes nos escuchan, configura realidades diversas. Es más –y aunque parezca obvio- las palabras son capaces de provocar sensaciones y emociones, efectos que muchas veces no se anticipan.

De allí que ayer, el llamado del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, a los presidentes de todos los partidos políticos a que condenaran “de forma categórica” el asesinato del cabo segundo Cristián Martínez, es una buena señal.

Pero ciertamente, existen hechos contradictorios, pues poco antes del “11” una secretaria de Estado, no sólo crítica, sino que vapulea al máximo tribunal del país, y recibe una cerrada defensa de Gobierno como parte de su “libertad de expresión”. Algo que no es precisamente un aporte al clima de paz que se quiere para el país.

Tanto peor. Fuera del país, un diputado de gobierno insulta oprobiosamente a un compatriota que se manifiesta, justificando el congresista su ataque como “un chilenismo”, los que vierte ante toda la prensa nacional y extranjera, y en pleno desarrollo de una visita presidencial en Australia. Un verdadero agravio no sólo a la persona, sino a la propia clase política.

Otro parlamentario oficialista, interrumpe irrespetuosamente un minuto de silencio en el hemiciclo del Congreso, llamando “cobarde” a un ex Presidente que murió en La Moneda, mientras 4 aviones hawker hunter bombardeaban el Palacio de Gobierno por varias horas y donde ese mandatario se resistió a salir con vida o a negociar su exilio…

Así, la violencia parece ser parte hoy del lenguaje político, de su actuar y parte de su legado social al país…

Es curioso entonces, que los dichos de hace unos días, de la dirigente de los estudiantes secundarios en Santiago, estremecieran al mundo político y al Gobierno, luego que llamara a funar las próximas elecciones municipales de octubre, tras una frustrada reunión con el ministro de Educación. Porque muchos sienten hoy, que quienes ya han venido funando la política en la última década, no han sido precisamente los ciudadanos o los dirigentes sociales del país, sino que los propios políticos que con sus acciones, omisiones y declaraciones, han ido dejado que este barco de la gran política, siga un rumbo desconocido y antojadizo, que nadie quiere timonear…

 Y es que la violencia o un clima violento, no tiene relación necesariamente con levantar la mano y tirar una piedra, o disparar un arma de fuego en la calle. Tan dramática o detestable, es  la violencia que puede tomar las más diversas formas, sutilezas y justificaciones. Por ejemplo, la que intenta manipular cifras para representar que la pobreza ha disminuido o que las listas de espera en atención de salud han desaparecido, o la que se relaciona con ajustar los impuestos para beneficiar a los sueldos millonarios y no a los de millones de trabajadores de la clase media, en fin…

Así, la descalificación, el ninguneo, el engaño son parte de esa violencia verbal que se vive en buena parte de la política actual y que ha escalado hasta la redes sociales. Por tanto, el desafío es hacer un esfuerzo genuino de cara a las nuevas generaciones, esencialmente, desde la propia clase política, demostrando que es posible y provechoso debatir, defender ideas con argumentos, sin difamar, sin insultar, sin discriminar ni saltarse la capacidad de escuchar las ideas divergentes, porque alcanzar la crisis de ese fatal ejercicio ya lo vivimos hace 39 años, y muchos sabemos que simplemente no condujo a nada…

 

(*) Es Periodista y Editor de Contenidos de EPD Comunicaciones Ltda.

 

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