“Mono” González, pintando sueños en Coyhaique

De la Brigada Ramona Parra de los años ’60 en activas campañas políticas, a un mural sobre El Elal en pleno centro de Coyhaique, entre medio, 50 años de muralismo interviniendo el espacio público nacional.

Por Claudio Díaz P.
Fotos: EPD

 

   Alejandro González González está terminando de pintar una de las 2 murallas de la Plaza Prat de Coyhaique y casi de forma natural comienza una conversación sobre la pintura. El mural ya va tomando forma y, poco a poco,  la conversación también

   Mientras vemos cómo se imponen y se amoldan al muro los colores primarios de cada figura, de inmediato González se autopresenta como el ‘mono’, “porque vengo de la calle, es decir, nos hemos formado en el trabajo en la calle en los muros urbanos en las zonas urbanas”.

   Con un tarro de pintura y un pincel, termina de retocar los gruesos trazos negros de diversos animales, que figuran como protagonistas en el mural urbano de la puntiaguda plaza local, y que comienza a atraer por su amplia gama de tonalidades planas, pero múltiples.

   “Mono” González se adelanta y explica que la técnica gráfica responde a su contexto histórico, pues en la década de los ‘60 prácticamente no existía el spray en Chile, y mientras se dibujaba y pintaba así en las murallas de Santiago o Valparaiso, en los muros y en el metro de San Francisco o el Bronx aparecían los primeros graffitis.

   “Hoy pueden encontrar estos murales como algo muy viejo, pero tiene que ver con los materiales que existían en la época (…) Pintábamos las letras de las campañas políticas de Allende, y llega un momento en que cuando triunfa Allende esas letras se transforman en imágenes, y de ahí se genera un movimiento muralista muy importante”, señala González. Tan importante –enfatiza- que el muralismo se estudia actualmente en 2 cátedras en la Universidad Autónoma de La Plata, en Argentina. “Estudian 2 movimientos muralistas latinoamericanos: el mexicano y el chileno. También se enseña pintar murales”, destaca el artista urbano, algo que formalmente no ocurre en Chile.

 

Chile, callejón de muros

 

   Pasaba la década de los ’60, tiempos de cambios y procesos convulsionados, recuerda “mono” González: la Guerra de Vietnam, los intensos movimientos antibélicos y pacíficos, los hippies, los estudiantes y la revolución de mayo del ’68 en París, en México se producía la matanza de Tlatelolco en octubre de ese mismo año, y el “Che” Guevara se adentraba en  la guerra de guerrilla en Bolivia.

   “El muralismo es un fenómeno cultural urbano de estudio (…) y en Chile fuimos precursores a nivel mundial en la intervención urbana en aquellos años, imagínate, acá en este rincón de América con el muro de la Cordillera de los Andes, por un lado, y con el Océano Pacífico como otro gran muro”.

   El otrora muralista de la Brigada Ramona Parra analiza que hoy “es distinto, es muy transversal, los jóvenes no participan en grandes movimientos sociales o estructuras partidarias verticales, pero siguen haciendo cosas de manera más individuales, con graffitis y mucha influencia extranjera, algo muy de tribu, y antisistémico (…) en cambio este mural es participativo, colectivo, todos los colores aquí los puso la gente que pasaba, nosotros nos dedicamos a trazar y después a hacerle terminación”.

   Y así fue durante una semana que en el proyecto Fondart de hermoseamiento de la plaza Prat de Coyhaique, quedaron 2 murales al encuentro con el público.

La plaza Prat de Coyhaique hoy recobró color y vida con los murales colectivos que diversos artistas y la gente espontáneamente trabajo y coloreó junto al “Mono” González.

    “Ese mural de allá (del costado) se hizo en un día, tiene la historia mitológica de los tehuelches, con el ave mítica el Elal, con los indígenas, las pictografías de las manos, las guanacas y las grecas que se aprovecharon en la última parte (…) el de acá con estos ‘bichos’ que son más grandes que nosotros, muestran el  momento en que el Elal va a con los animales a reunirse con el hombre…”, relata el “mono”.

   Esta es la segunda vez que el muralista urbano está en la zona, antes pintó en el gimnasio municipal hace 4 años, y también en la escuela Pablo Neruda de Villa Ortega y en la sede social de Ñirehuao. Esta última se quemó.

 

Memoria histórica

 

   “Esto es con contenido, todo esto tiene que ver con la historia de aquí y algo importante es cómo se es retribuido con esta experiencia de parte de la gente, que te cuenta las historias y te impregnas de todo”, explica.

   Pero “Mono” González advierte que “ningún mural se hace sin no hay un taller, o sin la participación de la gente, o de impregnarse de lo mitológico, entonces hay una relación de la comunidad y es muy importante  que sea con un sentido de pertenencia y un sentido de apropiación y participación del espacio público, y cuando sucede eso, el mural se hace parte de ellos”

   Roberto Matta decía sobre este tipo de muralismo: “a mi juicio tocan el problema desde abajo hacia arriba, desde las aspiraciones y anhelos, de las necesidades y de las heridas estábamos para cambiar el mundo”. González, uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra, coincide con esta visión, pues junto a las brigadas Inti Peredo o la Elmo Catalán fueron íconos  que hicieron un cambio, expresando en la calle una especie de conciencia visual al espectador, educándolo a través de la denuncia social, informándolo a través de la consigna diaria de los acontecimientos.

   “Mono” dice que no recuerda cuántos murales ha pintado en casi medio siglo, “más que llevar la cuenta éste es un arte efímero, pero hay una generación de muchachos que pasan al frente o alrededor de este mural y les queda en la retina, en la memoria”.

    Hace un tiempo –recuerda- “estábamos restaurando un mural que habíamos pintado en el año 1971 ó 1972 en San Miguel, en Santiago, y se me acerca un muchacho que me dice  ‘cuando yo era chico ustedes estaban pintando este mural, y ahora vengo a verlo con mi hijo’, ahí te das cuenta que esto es parte de la memoria visual de este país”.

 

No a la indiferencia

 

   A su juicio, hay retrocesos en el mundo de hoy. “Esta es una democracia frustrada, con una sociedad que se ha ido deshumanizando, con un crecimiento que no es equitativo que no se refleja en la gente, y en eso los artistas no podemos ser indiferentes, entonces también se produce a través de la pintura un diálogo, éste no es un trabajo político directo, pero es un trabajo social de opinión ciudadana, de memoria ciudadana”

   El artista, dice que seguirá pintando hasta cuando pueda, “lo disfruto incluso más que antes”, y marca la originalidad del muralismo chileno, “a diferencia del muralismo mexicano que esta hecho por un autor, por artistas, en lugares cerrados contando una historia, acá es en la calle, donde los muros son de alguna manera la contingencia, la pizarra, la bitácora (…) Vamos en búsqueda del espectador, al encuentro, hecho para el espectador de la calle, los niños, estudiantes”.

 

Serigrafía telúrica

 

   Por estos días ya salió de imprenta el libro “27 de febrero”, obra en que el Mono González derrochó su inspiración tras hacer un taller en la zona ‘terremoteada’ y azotada por un maremoto en el verano de este año. De ahí surge además una gráfica y una exposición de serigrafías y grabados.

   “Siempre estoy ligado a la obra social, al dolor y a la esperanza del hombre, y la calle es un reflejo del sueño del hombre, del sueño ciudadano”, reflexiona Alejandro González.

 

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